17 de Septiembre, Día Mundial de la Seguridad del Paciente . La salud perinatal, en uno de los extremos de la prevención.
Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026.
“Safe care
for life — Atención segura para toda la vida”
La salud perinatal, en uno de los extremos de la prevención
El
nacimiento prematuro constituye un problema de salud pública de gran magnitud.
No sólo por su contribución a la mortalidad neonatal e infantil, sino porque
puede modificar las trayectorias de salud a lo largo de la vida.
Estas
trayectorias se construyen a partir de la interacción entre condiciones
preconcepcionales, gestacionales, perinatales y neonatales, las exposiciones
posteriores y las condiciones sociales y ambientales en las que cada persona
nace, crece y vive.
La
prematurez, por lo tanto, no determina un destino. Puede aumentar la
susceptibilidad a determinadas enfermedades y reducir la reserva funcional de
algunos órganos y sistemas, pero esa vulnerabilidad es heterogénea y puede ser
modificada a lo largo del curso de vida.
La
prevención de la prematuridad requiere un abordaje multifactorial: cuidados
antes y durante el embarazo, condiciones de vida saludables, acceso oportuno al
sistema de salud y políticas públicas capaces de actuar sobre los determinantes
sociales. Las profundas desigualdades existentes entre regiones, instituciones
y poblaciones limitan la efectividad de estas estrategias.
¿La
prematuridad es entonces una enfermedad crónica?
No. Es un
acontecimiento temprano de la vida que puede influir sobre trayectorias
posteriores de salud. Desde la perspectiva de los Orígenes del Desarrollo de la
Salud y la Enfermedad —DOHaD—, hablamos de una mayor susceptibilidad, y no de
una programación irreversible.
El Día
Mundial de la Seguridad del Paciente 2026 propone precisamente mirar la
seguridad desde la perspectiva de las enfermedades no transmisibles y del
cuidado a lo largo de la vida.
Para el
Grupo ROP, este enfoque tiene una relevancia particular.
Muchas de
las acciones que previenen la ROP grave forman parte, al mismo tiempo, de una
estrategia más amplia de protección del desarrollo: uso seguro del oxígeno,
prevención de la sepsis y de la anemia, nutrición adecuada, acceso a leche
humana, reducción de exposiciones iatrogénicas evitables, pesquisa oportuna y
tratamiento cuando está indicado.
Estas
intervenciones actúan durante períodos críticos del desarrollo. Además de
proteger la retina, pueden contribuir a preservar la salud neurológica,
respiratoria, cardiovascular, renal y metabólica y a disminuir la
vulnerabilidad futura frente a enfermedades crónicas no transmisibles.
Por eso,
prevenir ROP no es una estrategia aislada. Es parte de una política de cuidado
seguro que busca reducir exposiciones evitables, proteger el desarrollo y
favorecer mejores trayectorias de salud.
Pero no
puede haber seguridad sin equidad.
En nuestro
país persisten diferencias entre jurisdicciones e instituciones en el acceso a
recursos, tecnología, leche humana, especialistas, pesquisa, tratamiento y
seguimiento. Esas diferencias no deberían convertirse en distintas
oportunidades de conservar la visión, desarrollarse o alcanzar una vida
saludable.
La
seguridad del paciente no puede depender del lugar donde nace un niño ni de las
posibilidades de su familia.
Garantizar
condiciones equitativas de cuidado es una responsabilidad del Estado, de las
autoridades sanitarias, de las instituciones y de los equipos de salud. Las
familias deben estar informadas, acompañadas e integradas en el cuidado, pero
no pueden ser quienes compensen las desigualdades del sistema.
Asumir el lema “Atención segura para toda la vida” significa
reconocer que prevenir ROP, reducir exposiciones evitables y disminuir el
riesgo futuro de enfermedades crónicas no transmisibles forman parte de una
misma estrategia de cuidados seguros, de calidad y equitativos.
La equidad
también es seguridad. Y garantizarla es una responsabilidad indelegable del
sistema de salud y del Estado.
Es una tarea que nos compete a todxs.
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